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El día que descubrí la inteligencia artificial

Todo comenzó mientras organizaba los archivos y programas de mi ordenador tras una profunda limpieza, tan profunda que incluso llegué a reinstalarle el sistema operativo, y a desmontarlo por completo para quitarle todo el polvo que pudiese.
Con esto del proyecto web, mi padre me había regalado un nuevo ordenador portátil, sin embargo, yo no quería deshacerme de mi sobremesa, así que aproveché este nuevo comienzo para dejarlo tan organizado y limpio como si fuese nuevo. Siempre quise un sobremesa porque nunca tienes que cambiarlo como tal, simplemente vas actualizando la pieza que se te queda más antigua; además de que se calientan menos, tienen más potencia bruta en un mismo rango de precios, y puedes personalizarlos totalmente. Obviamente lo malo es que ocupan más espacio, no son portátiles, ni vienen con pantalla y demás.
Después de reinstalar el sistema operativo en el sobremesa, hubo una aplicación de escritorio que cuando volví a descargarla, no era capaz de abrirla y no daba ningún mensaje de error, simplemente el cursor empezaba a girar, el proceso se iniciaba y a los pocos segundos no daba señales de vida alguna, desapareciendo sin decir nada. Eso me tuvo varias horas sentado delante de la pantalla intentando averiguar qué estaba fallando, hasta que me levanté un momento para despejarme. Fue en ese instante cuando mi madre, viéndome bastante agobiado, me preguntó qué era lo que me pasaba y yo se lo comenté.
Al poco tiempo mi madre volvió con el móvil en la mano, ella que acostumbraba a preguntarle sus dudas a la inteligencia artificial y conversar con ella, había hecho eso mismo con la cuestión que me tenía agobiado; me hizo dos preguntas más y me leyó las soluciones que proponía la IA. Yo en ese momento quedé atónito, pues al escuchar la primera, supe que ese era el problema, me avisaba de que me podía faltar un componente del sistema operativo; algo que ya sabía que mi ordenador no tenía, porque que otra aplicación me había notificado que necesitaba descargarlo para mostrar su contenido.
Sólo hicieron falta tres preguntas para solucionar en un instante lo que yo llevaba horas intentando arreglar; eso ciertamente no lograba quitármelo de la cabeza. A partir de ahí empecé a usar la IA como apoyo, mientras terminaba de poner a punto tanto el sobremesa como el nuevo portátil, acabando de reinstalarlo todo y configurando los programas. Incluso supo ayudarme con la grabación de voz que realicé; me sugirió efectos para limpiar la grabación, y también una curva de ecualización adecuada al micrófono que estaba utilizando, para que mi voz sonara más natural.
Tampoco lograba dejar de pensar en que mi nuevo portátil era un moderno Copilot +PC, un ordenador IA de estos que han salido al mercado recientemente. Yo ni siquiera sabía qué tenían de especial estos modelos, nunca había mostrado interés en las IAs y era más bien reticente a ellas, debido a los usos que se les suelen dar.
Así que hice lo que llevaba rondándome la cabeza algunos días, empecé a investigar sobre las IAs, cuáles eran los modelos más usados, quá tenían de especial cada uno de ellos, planes de uso de cada modelo, etc. Por supuesto que también investiguá quá tenían de especial esos ordenadores Copilot +PC. Al principio fue todo muy lioso y después también lo siguió siendo; estuve unos cuantos días muy perdido, pero poco a poco fui entendiendo más acerca de ese mundillo.
Lo que averigüé sobre esos ordenadores me decepcionó un poco, yo ya me imaginaba hablando con mi ordenador y a éste recordando todo lo que hubiésemos conversado. Aunque eso no quita que tengan otras funciones útiles, como la de traducir en tiempo real cualquier audio o vídeo, recordar durante un tiempo todo lo que ha aparecido en pantalla y poder localizarlo escribiendo una simple frase, o una muy buena optimización de la energía entre otras varias funciones; todas esas pequeñas tareas, ya sean integradas del ordenador o funciones de programas que instales, las gestionan muy bien dentro de un chip que tienen dedicado a ellas, para de esa manera liberar al procesador o la gráfica de dichos trabajos.
De entre las familias de los más grandes cerebros, ya conocía algunas como la de Gemini, una de las familias de inteligencia de Google, o GPT, la familia del famoso Chat GPT que pertenece a la empresa Open AI; había escuchado sus nombres porque son las más usadas comúnmente. Descubrí otras tantas como Claude, de la empresa Anthropic; Meta AI, de la empresa Meta; o la familia Copilot, que da nombre a esos nuevos ordenador, y es que claro, es la familia de cerebros de Microsoft, la misma empresa que desarrolla sus sistemas operativos. La jerarquía de las familias se organiza de la siguiente manera; usando Calude de ejemplo, ésta daría nombre a toda la familia, y dentro de ella podríamos hablar de distintos modelos de cerebros, como serían Claude Haiku, Claude Sonnet o Claude Opus, donde cada uno de esos cerebros tendría un nivel de inteligencia más básico, más avanzado o estaría entrenado en algún ámbito específico; y por último deberíamos distinguir las distintas versiones de esos cerebros que se suelen indicar con números, como por ejemplo Sonnet 3.5, Sonnet 4, Sonnet 4.6, etc., donde el mayor número siempre indica la versión más reciente del modelo, y a veces se incluyen letras para especificar el ámbito en el que se han entrenado.
Algo que ya si sabía, era que los distintos programas de ordenador que existen, van incorporando funciones que se realizan apoyándose en modelos de IA, como por ejemplo, el editor de video DaVinci Resolve, que utiliza una función llamada Magic Mask, que permite eliminar el fondo de un vídeo de manera muy precisa, sin necesidad de pantallas verdes de fondo y con la posibilidad de retocar algún error que cometa. Una función que encuentro realmente práctica, y que en mi opinión dista bastante de las famosas funciones generativas que tanto llaman la atención.
Pero eso no es todo, en mi afán de querer hablar con mi ordenador y no con uno de los cerebros de la nube, seguí profundizando un poco más, y resulta que independientemente de si posees un ordenador IA o no, puedes incluso instalar, o más bien descargar porque no se instalan, un cerebro dentro de tu ordenador. Evidentemente no puedes descargar los cerebros gigantes en tu ordenador por dos motivos, el primero es que sus códigos son propiedad privada de sus empresas, y el segundo es que sería extremadamente difícil adquirir la inmensa cantidad de hardware que esos cerebros necesitan para pensar. Pero como en la viña del señor hay de todo, este campo no podía ser una excepción, y existen cerebros más pequeñitos y de código abierto, que no requieren salas enteras de ordenadores para que puedan pensar.
La primera duda que me asaltó al descubrir lo anterior, fue la de hasta qué punto son prácticos esos cerebros más pequeñitos comparados con los famosos gigantes, ya que no tienen las mismas capacidades de comprensión, razonamiento, percepción, planificación, memoria, etc. Resulta que el secreto está en la especificación de cada uno; un cerebro chiquitito generalista no podría competir contra uno de los gigantes en términos de capacidades cognitivas, pero sí podría hacerlo si estuviese especializado en un ámbito concreto, como por ejemplo en la corrección y generación de código a la hora de programar. Esto hace posible, para las personas que evitan usar los modelos de la nube, el acceso a estas inteligencias; ya sea por trabajar con datos sensibles o por preferir privacidad.
El tamaño de estos cerebros más chiquititos varía mucho y cada persona puede utilizar uno diferente, dependiendo de las necesidades que tenga y del hardware del que disponga; normalmente demandan una cantidad muy grande de memoria V-RAM, es decir, la memoria de la tarjeta gráfica. Sí, esta es la razón del incremento tan grande de precio que han sufrido estos últimos años. Pero hay un truco para que consuman menos recursos, y es cuantizar estos cerebros, o dicho de otra manera, redondear los parámetros internos que calibran el modelo a cambio de que pierdan precisión y sus respuestas sean menos fiables; hablamos de que pierden desde una décima porcentual hasta un treinta por ciento de precisión, según el numero de bits a los que se cuantice el modelo. En cuanto a las necesidades, puede que la tarea que se desee realizar simplemente requiera un modelo muy ligero, que ni siquiera tenga que ser cuantizado y que apenas consuma recursos.
El cerebro humano, a grandes rasgos, necesita de los sentidos para percibir estímulos, del sistema nervioso para recibir y enviar información, de los músculos para ejecutar respuestas, y de órganos para nutrirse de energía y mantenerse vivo. Análogamente estos cerebros artificiales necesitan de un motor de inferencia que registre estímulos, los traduzca para que el cerebro los entienda, recoja la información que analiza y devuelva una acción; así como de un hardware que lo mantenga encendido. Cuando antes mencioné que el secreto para que un cerebro pequeñito pudiese compararse a uno de los grandes en términos de capacidades cognitivas estaba en la especificación, me refería a que ese cerebro pequeño no tiene por qué actuar como un cerebro completo, sino que podría ser sólo una parte, varias, o incluso una pequeña subsección, y que sólo sepa realizar una, o unas tareas muy concretas. Los motores de inferencia que envían y reciben información del modelo de inteligencia, pueden implementarse desde aplicaciones completas, programas intermedios, o incluso algoritmos ligeros y binarios optimizados que se ejecutan a través de la consola de comandos; permitiendo así activar estos cerebros de manera aislada o en conjunto con programas de cualquier ámbito.
La inteligencia artificial es algo que sin duda es fascinante e incluso aterra, si observas lo que es capaz de hacer y cómo funciona; una herramienta peligrosa a la vez que indispensable a día de hoy, y que llegará a serlo aún más en un futuro no muy lejano. Cuáles de ellas se usen ya está en la moral o necesidad de cada persona.